La prensa no sube cerros

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Foto de fraymifoto, vía photopin cc

Ponentes golpearon el orgullo de quienes buscaban consuelo en sus palabras

Las colas son el dolor de cabeza de aquellos sistemas con falta de personal, o quizás de voluntad para evitar inconvenientes, como el retraso en el tiempo de los eventos. Los estudiantes de Comunicación Social que llegaron sobre la hora, buscaban rostros familiares para aprovechar hacer ese movimiento sutilmente confianzudo y premeditado de unirse a la fila con una ventaja sospechosa para los que esperaban muy al final; por lo que ésta, en vez de ser india se convirtió en una hilera de bultos parlanchines.

Todos vestían como profesionales en ejercicio, los hombres lucían guayabera o camisa de rayas y una postura que desbordaba más echonería que experiencia. Las mujeres ostentaban espaciosas carteras emulando a la de Mery Poppins o la de una secretaria con futuros problemas de columna, que colgaban del antebrazo como cual carnet de etiqueta. El acogedor auditórium del diario El Carabobeño tenía luz tenue, probablemente con la función terapéutica de aliviar las tensiones que invadirían a la audiencia más tarde en el Seminario de Periodismo Político.

Es difícil entender la motivación de ciertas actitudes. Cuando el Decano Luis Alonso Hernández subió al podio para fungir de orador de orden, denotaba demasiada confianza, influenciado por la idiosincrasia maracucha que adoptó en sus días de estudiante universitario y que permanece en su persona como principio de socialización errónea para alguien con su cargo. Un discurso matizado por formalidad e informalidad dividió la sala entre quienes le simpatizaban y aquellos que lo toleraban.  

Los aplausos de los alumnos establecieron con espontaneidad a qué estrato de la escala Pirata-Estricto-Motivador pertenecían los profesores por su desempeño docente cuando fueron mencionados uno a uno. Silencios incómodos, o mejor dicho: casi vengativos, sentenciaron una que otra reputación, mientras que el respeto a Marisela Paz se consolidaba al quedar, como se dice coloquialmente “mita y mita”, lo que confirma que los más amados siempre son los más odiados.

La trayectoria profesional de los ponentes logró ganarse la admiración de la audiencia, una que esperaba más que lo predecible, lo que la consolara, pues las próximas elecciones de alcaldes a realizarse en diciembre, luego de los cuestionables resultados obtenidos en abril, eran percibidas como escenarios de gran incertidumbre. Sin embargo, a veces lo que no se quiere escuchar es realmente lo que se necesita para despertar del letargo, causado por varios shocks emocionales. Así lo demostró el profesor Carlos Pineda, cuyos comentarios fueron un balde de agua fría para los seguidores de Capriles que aprobaban cada una de sus decisiones.

Como si de su misma madre se tratara, la audiencia comenzó a caldearse al mejor estilo democrático. Manos al aire rompieron la nube de pensamientos turbados que flotaban sobre sus cabezas. Quienes preguntaron parecían querer encontrar un hombro donde llorar o a quien reafirmara su punto de vista; en su lugar se consiguieron con la realidad desnuda y desagradable, que les recordó la poca transparencia del mal o quizás bien llamado, Gobierno de Estado, cuando rinde cuentas.

Cada uno de los expositores demostraba que debía votarse racionalmente y no emocionalmente como acostumbran los venezolanos, un hecho que los asistentes se rehusaban a aceptar, así como también la ineficiencia de los Medios de Comunicación Social en tiempos de elecciones, pues en definitiva, la prensa no sube cerros, y de hacerlo, los citados casos por el periodista Andrés Cañizales de televisoras censuradas, truncan el trabajo informativo de mostrar la verdad completa para corregir los errores de un pasado de desilusiones y remordimientos.

La diferencia entre privilegios y oportunidades es muy estrecha, porque hay un punto en el que ambas se encuentran. Aprovecharlas siempre es la clave, como las redes sociales. El uso del Facebook, Twitter, Blogs y YouTube no se quedó atrás en el seminario. El tema cibernético se convirtió en la luz al final del túnel, que aunque parezca ser una vía de escape, de forma irónica, al final se convierte en un manto de libertad que debe envolver al comunicador en una realidad más acertada y necesaria, que sentimentalmente alcahueta.

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