A bordo del restroceso

Los venezolanos que usan el servicio de transporte público están sujetos a las fallas de un sistema que refleja la crisis actual de la nación. En estas unidades, los pasajeros son víctimas de la inflación, la inseguridad, la intolerancia social e indiferencia gubernamental 

Fotografía de La Patilla

La calidad del transporte en Venezuela es un factor determinante para el desarrollo económico del país, por lo que la correcta inversión en este sector, supondría la disposición gubernamental para adaptarse a las demandas de una sociedad en crecimiento. Sin embargo, el estado de este sistema demuestra fallas en las políticas de planificación urbana, las cuales generan descontento en la población estudiantil y trabajadora, que vive la crisis actual como presa de un gremio sobre ruedas y lleno de vicios.

Las personas que se movilizan a diario en autobuses y trenes de metro, son testigos de que en estos se ve reflejada la realidad venezolana de los últimos años: obras inconclusas, escasez, vías e infraestructuras deterioradas, inseguridad, inflación e intolerancia social, pues a pesar de que el Presidente de la República, Nicolás Maduro, anunció en 2013 un plan para mejorar el servicio de traslado como resultado de convenios bilaterales con China, miembros del Sindicato de Trabajadores del Volante protestan al alegar que se sienten desatendidos y por ello, no pueden cumplir con ciertos requerimientos para atender a la ciudadanía.

Y es que en una semana normal de trabajo en Valencia, el ciudadano que utiliza el transporte público para comenzar su jornada laboral, espera más tiempo de lo debido en las paradas por la inoperatividad de muchas unidades a causa de la falta de autopartes en el mercado y al mal estado de las carreteras, esto propicia la sobrecarga de pasajeros y pone en peligro la estabilidad del vehículo.

Además es propenso a ser víctima de robo por los denominados charleros, quienes de forma amenazadora establecen cuotas a pagar de acuerdo con declaraciones de Francisco Javier Castillo, usuario regular de la ruta Cedeño-Big Low: “Ahora uno tiene que tener guardado el dinero del pasaje y el de la vacuna para que no nos hagan nada; así no se puede vivir”, expresó. La inseguridad es uno de los problemas sociales que más agobia al país, la aceptación inminente de la delincuencia como otro elemento de la cotidianidad, debido a la falta de políticas policiales de resguardo y vigilancia, es el resultado de una sociedad que se siente abandonada, dejada a la deriva por los gobernantes que juraron protegerla.

Pero esta es la vida de muchos venezolanos que también reciben hostilidad de parte de transportistas y colectores, figuras de autoridad que para mantener el orden olvidan toda noción de buenos modales. Para María Flores, ama de casa de 63 años, existe poca tolerancia hacia los adultos mayores, quienes no solo permanecen de pie por falta de consideración y respeto de pasajeros más jóvenes, sino que “tenemos que bajarnos de la mula porque no se van a volver a parar cuando nos vean en la calle”, argumentó a propósito de mencionar de que por derecho es exonerada del pasaje.

El deterioro del sistema no solo es el reflejo de una sociedad en crisis, también es el de una cuyo sentido de civismo se perdió por la resignación de sus habitantes, a pesar de que las presiones sobre el gremio del transporte público han aumentado en la mayoría de los países en vía de desarrollo como parte del proceso de crecimiento, de acuerdo a un estudio realizado por el Banco Mundial en 2014.

Inversiones

En este mismo informe, se señala el impacto que tiene el desempeño del servicio sobre la economía ciudadana. El sector urbano en Venezuela representa al menos 50% del Producto Interno Bruto (PIB) y en algunas naciones más de 70%. Los gobiernos de Latinoamérica generalmente destinan hasta 25% de sus gastos anuales a transportistas y el mantenimiento de la infraestructura. Sin embargo, las inversiones del Gobierno Nacional en este materia, de alrededor de 4 millones 800 mil bolívares, no es suficiente para compensar la demanda.

Bajo esta premisa, el incremento del pasaje de 10 a 15 bolívares es una de las medidas que tomó el Sindicato Único de Trabajadores del Transporte en el estado Carabobo, para tener acceso a los insumos, y repuestos; porque de lo contrario “tendríamos una flota completamente paralizada. No hay baterías, cauchos, parabrisas, lubricantes y demás, por lo que es necesario aumentar a 20 bolívares pronto”, manifestó el presidente de esta organización Adolfo Alfonso. Pero luego de que esto fuera implementado a partir del 1 de abril, siguen inoperativas 80 unidades y la calidad del servicio continúa en deplorables condiciones.

Sociedad en movimiento           

Según una investigación realizada por el Instituto de Tierra Urbana (ULI de sus siglas en inglés) en Estados Unidos, las inversiones en infraestructura en los seis continentes y el acceso a metros y redes de autobuses durante los próximos 25 años, requerirán inversiones de 50 billones de dólares. Esta cifra evidencia el carácter central del sector en el marco de las estrategias de desarrollo, pero Venezuela no parece estar en la misma sintonía de estos requerimientos al ser el país con el pasaje más caro en América, y de forma contradictoria a esto, uno de los sistemas con peor funcionamiento.

Para la socióloga María Hernández, docente de la Universidad Arturo Michelena (UAM), “cuando las sociedades tienen sus necesidades satisfechas todo funciona, y una de ellas es la de movilización. El movimiento indica cómo la población hace su rutina”, explicó, por lo que si el desplazamiento presenta fallas, suceden los fenómenos de congestionamiento vial y conglomeración en las paradas y unidades.

A pesar de que se cuenta con autobuses modernos marca Yutong, adquiridos en convenios con China, es necesaria la reeducación y control de las rutas para que las personas se adapten a los cambios y así evitar caos, el cual desde un punto de sociológico incrementaría la crisis económica y social actual. “Montarse en el transporte público en estos momentos refleja la condición de Venezuela en franco deterioro, y la políticas gubernamentales demuestran que no existe conciencia del verdadero valor que tiene el ser humano y su derecho a moverse dignamente”, dijo la profesora universitaria.

Conductores que no respetan paradas ni leyes de tránsito, pasajeros desesperados por ingresar a las pocas unidades disponibles y que a su paso olvidan los valores ciudadanos, autoridades policiales que prefieren ignorar tales comportamientos, y el asecho de una delincuencia cuyo cobro de impuesto no acepta morosos y pero sí represalias, es un sistema corrompido por vicios al que el venezolano se enfrenta todos los días, y al que paulatinamente se ha adaptado como señal indiscutible de que está a bordo del retroceso.

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