Petróleo hueco

El mundo se sorprendió el pasado 12 de junio cuando el índice Shanghai Composite perdió cerca de 30% de su valor. Los inversionistas que apostaron por China ven con nerviosismo la caída de sus acciones. Como consecuencia de esta crisis económica, los ingresos petroleros que mantienen en pie, o de rodillas, a Venezuela, disminuirán aún más su valor ante un posible freno en la demanda de esta materia prima.

Foto de Finanza Digital

El gigante asiático, que en los últimos años logró convencer a empresarios de invertir en su país, ahora se muestra tal cual es: un hacedor de espejismos financieros, pues aunque se venda como modelo ideal de expansión y desarrollo, no es más que un mercado con ganancias débiles, una vez esfumadas las alucinaciones. Nicolás Maduro, parece desconocer esta clásica estrategia de fraude. Preso de sus intereses inmediatos, no logra entender que la mejor solución a los problemas de dependencia rentista, es liberarse de ella.

El préstamo por 5 mil millones de dólares que China dio a Venezuela para robustecer la industria petrolera, es un timo a los recursos de la Nación. Para el economista de la banca de inversión Barclays Capital, Alejandro Grisanti, estas divisas no compensarán la caída de los ingresos por barril y tampoco apaciguarán la crisis económica.

Hacer tales acuerdos, motivados por una posible valorización positiva del petróleo, es un proceder irresponsable del gabinete oficialista, pues creer que se puede ir en contra de las leyes del mercado global, evidencia su cinismo. Lejos de que el gobierno de Maduro cambie de parecer, o por fin comprenda que los riesgos se reflejarán en la calidad de vida de los venezolanos, más que en su ya manchada reputación política, la búsqueda de alternativas a la renta es la única forma de levantarnos.

La deuda con China también superó las reversas internacionales, tras subscribirse a 16 pactos de cooperación financiera desde 2007; lo que convierte a Venezuela en un país hipotecado y a merced del gigante asiático, por infortunio en declive. Es por supuesto, un panorama desalentador y que pudo fácilmente evitarse de no ser porque la creencia idealizada en el oro negro, hizo alucinar al régimen.

Para cancelar estos préstamos el Gobierno comprometió casi la mitad de las exportaciones de crudo. Lo que quiere decir que de los míseros 2 millones de barriles de petróleo que se producen diariamente, al menos 700 mil irán al muy astuto imperio de Oriente. La Nación vive entonces del salario mínimo devaluado, que ni sembrado, como en su momento de bonanza lo propuso Uslar Pietri, este pequeño ingreso subsanará la crisis. Con un valor de 47,89 dólares, ahora no es más que una semilla hueca.

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